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15 de agosto de 2012 • 12:58

Medallistas colombianos contra viento y marea

 

Apartadó, Urrao, Jamundí. Son nombres de pueblos de Colombia cuyos nombres suelen evocar una sola cosa: violencia y el único conflicto armado interno vigente en el hemisferio. Nada más.

Pero eso podría cambiar gracias a los medallistas olímpicos.

A diferencia de otros atletas, muchos de los colombianos deben "competir" no sólo con sus rivales, sino con su entorno: zonas azotadas por la violencia de la guerrilla, el narcotráfico, los paramilitares y los delincuentes comunes.

Un ramillete de ocho atletas, de los 104 colombianos que compitieron en 18 disciplinas en los Juegos Olímpicos de Londres, lo consiguieron hasta el punto de conquistar medallas de oro, plata y bronce.

Ahora algunos destacan en entrevistas con la AP que quizá su ejemplo sirva para restarle a la ilegalidad y a la misma guerra nuevos miembros y que jóvenes se orienten hacia los deportes para conseguir el éxito, el ascenso social y una mejor calidad de vida para sus familias.

Catherine Ibargüen, de 28 años, nació en Apartadó, en Antioquia, a unos 450 kilómetros al noroeste de Bogotá. La zona fue azotada por años por el desplazamiento interno de campesinos, masacres, el paso de guerrillas, paramilitares, de nuevo guerrillas, carteles de narcotráfico, en un ciclo interminable de violencia.

En medio de eso, en los años 80, Catherine, cuya amplia sonrisa es conocida y conmovedora, dice que sólo jugó y saltó de niña.

"Mi infancia fue llena de alegría...a pesar de ser un municipio violento", dijo Ibargüen, de 1,80 metros de estatura y 69 kilos de peso, medallista de plata en los olímpicos al conseguir en su último salto triple 14,80 metros.

"A través del deporte mostramos la cara linda del Urabá (la región donde se encuentra Apartadó). Ahora queremos cambiar esa imagen de que es un municipio violento. Que (el mundo) vea que hay cosas bellas...(que somos) personas de buena imagen y que puedan venir a este municipio y que estamos trabajando para cambiar esa mala imagen de años atrás", agregó la atleta.

Ahora, dice, su meta es alcanzar el oro en los juegos de Río de Janeiro en 2016.

No muy lejos de Apartadó, en Urrao, también en Antioquia, vive Rigoberto Urán, de 25 años, quien logró en Londres la medalla de plata en la prueba de ruta del ciclismo.

De todos sus colegas medallistas, Urán es el único que no regresó inmediatamente a Colombia. Está en España compitiendo con su equipo, el inglés Sky.

La de Urán, el mayor de dos hermanos, es una historia común en Colombia: su padre fue asesinado a balazos por paramilitares cuando él tenía 14 años y le tocó para ayudar a su madre y su hermana, Martha Lucía, actualmente de 15 años, conseguir dinero para sostener a la familia. Por eso vendía por las calles de Urrao "chance", un juego de azar similar a la lotería. También lavó autos en una estación de gasolina a la que llegaba cada día a las 6 de la mañana, narró su madre.

El asesinato de su padre en 2001 "nos tocó muy duro porque yo no trabajaba. La única entrada que teníamos era la de 'Riguito' con el 'chance''', dijo la madre del deportista, Ana Urán, de 47 años.

Fue el padre del atleta quien le regaló su primera bicicleta y lo animó a correr. Su madre dice que el asesinato de su esposo fue como el de muchos colombianos, por un error, lo confundieron con un simpatizante de la guerrilla y eso era suficiente para ganarse la muerte en esos años en Urrao. No hubo detenidos, pero sí recibió, aunque sin recordar el año exacto, una indemnización por 12 millones de pesos (unos 6.600 dólares) por la muerte de su marido. Fue en el gobierno del ex presidente Alvaro Uribe (2002-2010) cuando recibió el dinero, dijo.

Para intentar probar suerte, el joven Urán se fue a Medellín, capital de Antioquia, y allí fue reclutado por el equipo de ciclismo "Orgullo Paisa".

Después mudó a su familia a Medellín y se dedicó por entero al ciclismo, recordó la madre.

"Desde pequeño este muchacho ha tenido la mentalidad de ser una buena persona. El muchacho no cogió el mal camino, cogió un camino de paz con el deporte", agregó.

Quizá los logros de los deportistas en estos últimos juegos, dijo María Isabel Urrutia, medallista de oro colombiana en levantamiento de pesas en la edición de los juegos de Sydney en 2000, les quite a los ilegales nuevos miembros.

"Normalmente los deportistas colombianas venimos de estratos muy bajos, pobres, de lugares apartados y el deporte sirve como mecanismo para mejorar sus condiciones, no sólo deportivas, sino económicas, de vida, de educación", dijo Urrutia.

Es lo que piensa Yuri Alvear, medallista de bronce en Londres en judo en la categoría de 70 kilogramos.

"Yo era una persona de verdad de muy bajos recursos económicos y gracias al deporte he podido darle mejor bienestar a mi familia, vivir en mejores condiciones y yo pienso que el deporte sí vale la pena, porque si uno se esfuerza por conseguir lo que uno quiere, y por luchar, uno puedo conseguir los resultados y mejorar su nivel social", dijo Alvear, una joven de 26 años, licenciada en educación física de la Escuela Nacional del Deporte, en Cali, capital de Valle del Cauca y a unos 300 kilómetros al suroeste colombiano.

Como la menor de dos hermanos de una barriada pobre de Jamundí, en Valle del Cauca, Alvear comenzó a practicar judo en el colegio y luego se fue a Cali con una beca. Su medalla en los juegos de Londres hizo que la alcaldía de Jamundí moviera cielo y tierra para regalarle una vivienda.

Cuando el pasado 6 de agosto, Alvear llegó a su pueblo, la recibió Jhon Fredy Pimentel, alcalde de Jamundí y un notario para que firmara de inmediato los documentos de propiedad de una casa de tres pisos y cinco habitaciones totalmente amueblada, en un conjunto residencial con piscina, en una residencia ubicada en el centro de la localidad.

Tienen planes además de construirle una estatua frente al estadio de Jamundí para que "cada vez que un joven pase por ese monumento trate de imitar y seguir los pasos del bien y sobre todo buscar la posibilidad en el deporte como una alternativa de vida", dijo el alcalde Pimentel.

El oficial instituto de deportes, Coldeportes, atribuye el éxito de los medallistas en Londres —en la mejor actuación de una delegación colombiana en toda su historia desde su primera participación en los juegos de Los Angeles en 1932_, a programas que vienen avanzando desde hace al menos una década.

Con su presupuesto nacional para el 2012 de 238.000 millones de pesos (casi 133 millones de dólares) en fondos estatales para financiar a cientos de atletas en todo el país y de los cuales se escogió a los mejores, dijo Juan Carlos Peña, subdirector de Coldeportes, quien además aseguró que esperan que la participación en Londres y las escuelas deportivas consigan cambiar un patrón cultural.

"Cambiemos el modelo, el modelo del 'chacho' (líder) del pueblo, que ya no es el 'bacan' (un hombre percibido como chévere) del pueblo que extorsiona, que roba, del microtráfico, sino que el 'chacho' del pueblo es seguir los que los niños quieren: los deportistas", dijo Peña. Los deportistas "son los que efectivamente con su sacrificio y con todo el sometimiento a la carga de entrenamiento pueden ser hoy los líderes".

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El corresponsal de Associated Press César García, en Bogotá, contribuyó a esta información.

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