Cómo prevenir la leishmaniasis

Las dos formas clínicas que produce la Leishmania Infantum son la leishmaniasis cutánea y la visceral. Foto: ThinkStock
Las dos formas clínicas que produce la Leishmania Infantum son la leishmaniasis cutánea y la visceral.
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Diversidad y complejidad son dos características de la leishmaniasis, según indica Mar Noguerol, miembro de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. Se trata de una enfermedad infecciosa de carácter parasitario que está producida por un protozoo del género Leishmania.

Este protozoo puede infectar a multitud de mamíferos y reproducirse en su interior, aunque en nuestro medio el reservorio tradicional es el perro, explica. Ellos también pueden enfermar e incluso morir a causa de la leishmaniasis.

Sin embargo, los perros no contagian la enfermedad directamente ni a otros animales ni a las personas. Para que esto ocurra es imprescindible la participación del mosquito que actúa como vector, señalan los especialistas del Colegio de Veterinarios de Madrid.

La leishmaniasis se transmite a través de las picaduras de la hembra del flebótomo o mosca de la arena, si este insecto ha picado previamente a un animal infectado. El propio hombre también actúa como reservorio pero sin la intervención del flebótomo no puede contagiar a otra persona.

“El protozoo cambia de forma en el tubo digestivo del vector y pasa al huésped humano en sucesivas picaduras. Puede permanecer en la piel y causar las formas cutáneas de la enfermedad o bien puede pasar a la circulación general y dar lugar a la leishmaniasis visceral”, comenta la doctora Noguerol.

Pero también puede haber “una infección latente sin enfermedad clínicamente manifiesta. De hecho, la mayoría de las personas que son picadas por un mosquito infectado no tienen ningún síntoma ya que sus defensas eliminan el parásito”, precisa.

En este sentido,  los expertos del Portal de Salud de la Comunidad de Madrid indican que, aunque “todas las personas corren el riesgo de contraer la infección si viven en una zona endémica, los pacientes con problemas de inmunidad tienen más probabilidad de desarrollar la enfermedad”.

VISCERAL Y CUTÁNEA

Las dos formas clínicas que produce la Leishmania Infantum son la leishmaniasis cutánea y la visceral, señala Noguerol. La primera origina lesiones en la piel mientras que la visceral afecta a varios órganos internos, que generalmente son el bazo, el hígado y la médula ósea.

“La forma visceral es la más grave”, puntualiza. Su principal síntoma es la fiebre prolongada e irregular sin origen aparente. Puede haber malestar general, escalofríos, pérdida de peso o de apetito y dolor en el abdomen. También pueden darse diarrea, vómitos o dolor de cabeza, detalla.

Según describe la especialista, generalmente los síntomas son fiebre y pérdida de peso, acompañados por un aumento del tamaño del hígado y del bazo. Asimismo, los análisis de sangre suelen mostrar anemia y un número bajo tanto de leucocitos como de plaquetas.

No obstante, a veces la única manifestación que podemos encontrar es la inflamación de algún ganglio, aclara.

“La leishmaniasis visceral siempre debe tratarse y ha de hacerse en un hospital. De lo contrario, en los casos graves o muy avanzados puede causar la muerte”, advierte la doctora.
Sin embargo, la leishmaniasis cutánea no es mortal. Suele tener una evolución benigna y puede curarse incluso sin tratamiento, afirma.

“Se caracteriza por la presencia de una o más lesiones en la piel. Con el tiempo, estas pueden cambiar de tamaño y de aspecto, pasando de pequeñas pápulas a nódulos que se pueden ulcerar y cubrir de costras. Suelen ser indoloras pero pueden causar dolor si se infectan”, manifiesta esta médico de familia.

Las lesiones que origina la leishmaniasis cutánea suelen curarse aunque no se aplique tratamiento alguno, pero pueden durar años y dejar cicatrices.

Es posible que pasen diez días, varios meses e incluso años desde la picadura del insecto hasta que se desarrolle la enfermedad. Por lo general, transcurren entre dos semanas y cuatro meses cuando se trata de la forma cutánea. Para la leishmaniasis visceral, el periodo de tiempo va de dos a seis meses.

La doctora Noguerol señala que las zonas de mayor prevalencia de leishmaniasis visceral son Sudán y Etiopía en África y el estado de Bihar en la India. Por otra parte, el 90% de los casos de leishmaniasis cutánea se concentran en Afganistán, Arabia Saudí, Irán, Siria, Brasil y Perú, destaca.

Según datos de la Organización Panamericana de la Salud, se han registrado casos de leishmaniasis desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Argentina, con excepción de Chile y Uruguay. De hecho, cada año hay alrededor de 64.000 casos en esta región, de los cuales sólo unos 4.000 corresponden a la forma visceral, apunta esta entidad.

Para prevenir la leishmaniasis hay que actuar tanto sobre el reservorio como sobre el vector, expresa la doctora Noguerol. En este sentido, recomienda a los propietarios de perros que los lleven periódicamente al veterinario para su revisión y que consulten al especialista si observan síntomas de enfermedad en el animal.

Asimismo, es aconsejable evitar que el perro duerma en el exterior de la vivienda o en lugares donde pueda ser picado por el flebótomo. Es necesario “aplicar productos repelentes e insecticidas autorizados sobre los animales y en sus casetas. También es conveniente emplear collares antiparasitarios eficaces”, sostiene.

“Aunque el perro nunca va a transmitir directamente la enfermedad, hay que impedir que se conviertan en el origen de la infección”, destaca.

En cuanto al flebótomo, la doctora explica que sólo las hembras se alimentan de sangre y por lo tanto son las únicas que pueden transmitir la leishmaniasis. Para estar a salvo de sus picaduras es necesario conocer sus costumbres.

Estos insectos se caracterizan por su actividad crepuscular y nocturna, siempre que las temperaturas superen los 18ºC y la lluvia y el viento no estén presentes, subraya Noguerol.

Suelen vivir en madrigueras, cuevas, grietas, oquedades de los árboles, vertederos o alcantarillas, aunque también pueden hallarse en el interior de las viviendas, en sótanos mal ventilados, en establos, garajes o casas en ruinas, entre otros lugares.

Cubrirse con ropa y utilizar repelente es una buena medida si se sale a pasear por zonas en las que pudiera desarrollar su actividad el flebótomo durante las horas con mayor probabilidad de picaduras.

Por otra parte, instalar marcos con telas mosquiteras de malla fina en ventanas o puertas puede evitar la entrada del mosquito en las viviendas. Noguerol aconseja, además, aplicar periódicamente insecticida con efecto residual en los cercos de puertas y ventanas, en los muros y en las leñeras. También se pueden utilizar insecticidas enchufados a las tomas de luz en los domicilios.

Por el contrario, resulta poco conveniente acumular restos vegetales y escombros en las proximidades de la vivienda. Asimismo, hay que limpiar de manera adecuada los lugares que pudieran servir de refugio al vector, pues evitar la picadura del mosquito es el mejor modo de prevenir enfermedad.

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