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- Por tercer año consecutivo, el Alvear Palace Hotel y el Centro Diplomacia Karina Vilella invitan a los nenes de entre 6 y 13 años para que aprendan el arte de los buenos modales y el correcto comportamiento en la mesa. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Durante julio el Salón Regence, del Hotel Alvear, se ambienta especilamente para que los chicos compartan un almuerzo (a partir de 12.30) o un té (a partir de 16.30) y aprendan algunas normas de protocolo. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Karina Vilella, la "maestra de ceremonias", pone al alcance de los chicos -de un modo ameno y divertido- algunas reglas básicas. "Hace tres años, cuando mi hija Antonella me pidió que la trajese al Alvear con sus amigas a tomar el té me di cuenta de que era el momento de ayudar a los niños a sentirse seguros en cualquier ámbito", explica Vilella cómo se le ocurrió empezar con esta actividad. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Hasta cómo desenvolver la servilleta que descansa sobre el plato y llevarla a la falda tiene sus secretos, que Ángela (5 años) intentó por todos los medios de memorizar. Pero no todos tuvieron éxito: varios nenes terminaron con las manos enredadas pero, claro, ¡sin perder el buen humor! Foto: Daniela Amdan / Terra
- También el modo de agarrar la copa es todo un arte. Para que las bebidas no se calienten, siempre hay que tomarlas del pie, tarea no del todo sencilla para los chicos. Foto: Daniela Amdan / Terra
- ¿Y esto? ¿Cómo se come?, parece preguntarse María Emilia (7 años). Lo que los mozos del Alvear le servían ceremoniosamente era nada menos que una crème brûlée de jamón y queso. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Los chicos pueden ir acompañados por sus padres u otro adulto. Y los precios son: almorzar para un mayor y un menor $580; (precio por segundo niño: $130; precio por mayor extra: $320) y para la hora del té, un mayor y un menor $450 (precio por segundo niño $90; precio por mayor extra, $260). Foto: Daniela Amdan / Terra
- El Señor Plop sigue de cerca todas las indicaciones de Vilella, consultora en Etiqueta Corporativa, Imagen y Protocolo Internacional, de The Protocol School of Washington. Foto: Daniela Amdan / Terra
- María Emilia, Olivia y Ema, tres amiguitas y compañeritas del colegio, ponen en práctica lo aprendido para comer la crème brûlée. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Antonella, la hija de Vilella, hoy tiene 14 años y ya ayuda a su madre a transmitirle las normas de protocolo a los más chiquitos. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Allegra, con sus 4 añitos, aprende rápido y acapara la atención de los que la rodean. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Pero no sólo los chicos aprenden. También los adultos aprovechan para despejar todas las dudas protocolares. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Vilella explica qué hacer con los cubiertos una vez que uno los agarra. Nunca, nunca, nunca jamás vuelven a tocar el mantel. Foto: Daniela Amdan / Terra
- ¡Y llegó la entrada! Un vol au-vent relleno de tartare de ave con tomates frescos. Y todo se come con el tenedor. ¡Ni se les ocurra tocar el cuchillo en este paso! Con paciencia y dedicación, con sólo usar el tenedor se puede. Foto: Daniela Amdan / Terra
- A pesar de que para algunos resulte difícil... Foto: Daniela Amdan / Terra
- ...o que otros prefieran mirar con respeto el plato y esperar que mamá los ayude un poco... Foto: Daniela Amdan / Terra
- ...lo que nunca hay que perder es la concentración. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Como Joaquín, que eligió para el día de su cumpleaños número 9, ir al Alvear a aprender protocolo. Foto: Daniela Amdan / Terra
- El salón, ambientado como para un banquete, con sus manteles impecables, centros de mesa, arañas, cortinados, es el entorno ideal para que Vilella transmita sus conocimientos. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Y por fin llegó el momento en el que dan permiso para atacar al pan. Esto sucede recién antes del plato principal, para limpiar el paladar. Y, aunque los nenes no puedan creerlo, ¡se puede agarrarlo con la mano! Foto: Daniela Amdan / Terra
- Los mozos, en estudiada coreografía, llegan con el plato principal: lomo con salsa de mostaza a la ancienne para los nenes y con salsa de malbec para los adultos. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Y también el corte de la carne tiene sus bemoles. Los cubiertos se agarran de un modo en particular... Foto: Daniela Amdan / Terra
- ...por supuesto se come con la boca cerrada... Foto: Daniela Amdan / Terra
- ...pero ¡ojo! ¡¡¡Hay que llevarse a la boca trozos pequeños!!! Foto: Daniela Amdan / Terra
- Y cortar con mucho cuidado... Foto: Daniela Amdan / Terra
- ...como para que no salga nada "volando" del plato. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Y la guarnición debe cortarse sólo con el tenedor. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Pero, bueno, algo puede estar caliente o no gustar del todo. Siempre hay permiso para algún "accidente". Foto: Daniela Amdan / Terra
- Y también hay espacio para pasear por el salón y por el hotel. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Hasta que llega el postre. Y todos de nuevo a la mesa, porque nadie se lo quiere perder. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Un bavaroise de dulce de leche con espuma de chocolate y sorbet de cacao será el próximo desafío. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Y los postres también tienen sus misterios. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Siempre que haya masa en un postre, el tenedor es el que manda. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Con concentración, hasta el helado se puede comer con el tenedor. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Y, si es necesario, uno puede ayudarse con la cuchara. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Joaquín disfruta del postre y, sin ningún empacho, admite que su único problema en la mesa son los tenedores. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Y, por supuesto, durante el postre o en cualquier otro momento, queda lugar para los juegos y morisquetas. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Ya hacia el final del almuerzo, los chicos -pipones- no saben cómo hacer para terminar con las delicias que les sirvieron. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Charlan un rato, pasean, descansan y disfrutan del Hotel, así se hacen un lugarcito para seguir con el postre. Foto: Daniela Amdan / Terra
- Y, para terminar, llega la hora del brindis. Como Lila y Mora, que brindan con su mamá después de disfrutar de una lindísima experiencia como princesas. Foto: Daniela Amdan / Terra
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Por tercer año consecutivo, el Alvear Palace Hotel y el Centro Diplomacia Karina Vilella invitan a los nenes de entre 6 y 13 años para que aprendan el arte de los buenos modales y el correcto comportamiento en la mesa.
Foto: Daniela Amdan / Terra

